La pandemia de 2020 obligó a millones de personas a trabajar desde casa de un día para otro. Lo que parecía una solución temporal se convirtió en un experimento global sin precedentes sobre productividad, autonomía y organización del trabajo. Sin embargo, seis años después, España vive una paradoja: más de tres millones de empleados siguen obligados a acudir a la oficina pese a que sus funciones podrían realizarse en remoto.

