
¿Vuelta a la presencialidad? Aprendizajes seis años después del confinamiento
La pandemia de 2020 obligó a millones de personas a trabajar desde casa de un día para otro. Lo que parecía una solución temporal se convirtió en un experimento global sin precedentes sobre productividad, autonomía y organización del trabajo. Sin embargo, seis años después, España vive una paradoja: más de tres millones de empleados siguen obligados a acudir a la oficina pese a que sus funciones podrían realizarse en remoto.
La tesis doctoral de Juan Vicente Castellanos Quintana, centrada en el análisis del teletrabajo, la organización del trabajo y los efectos del confinamiento, ofrece claves esenciales para entender esta regresión y para orientar a las organizaciones hacia modelos más eficientes y sostenibles.
A continuación, se presentan conclusiones concretas y recomendaciones prácticas, especialmente relevantes para directivos y responsables de personas en sectores intensivos en conocimiento, como los despachos profesionales.
1. La vuelta a la presencialidad responde más a factores culturales que funcionales
Las investigaciones de Castellanos Quintana muestran que la resistencia al teletrabajo no se explica por la naturaleza de las tareas, sino por:
- Modelos de liderazgo basados en el control.
- Culturas organizativas que equiparan presencia con compromiso.
- Falta de confianza en la autonomía del trabajador.
- Inercia estructural: volver a lo conocido se percibe como más seguro.
En otras palabras: la presencialidad obligatoria es una decisión cultural, no técnica.
Esto es especialmente evidente en los despachos profesionales, donde la cultura del “estar” ha sido históricamente dominante.
2. La evidencia demuestra que el teletrabajo no reduce la productividad
La tesis recoge lo que múltiples estudios internacionales han confirmado: el teletrabajo bien diseñado mantiene o incluso aumenta la productividad.
Durante el confinamiento se observaron:
DESPACHOS PROFESIONALES (CDDP)


























