CARRITO

Construir una firma que trascienda

Jordi Amado Guirado
Jordi Amado
27/02/2026

Toda firma profesional alcanza su verdadera madurez cuando sus socios y directivos son capaces de mirarse hacia dentro y reflexionar sobre aquello que realmente la hace grande.

Esta carta nace desde ese lugar: el de un socio fundador que, tras años de construir, comprende que el culmen del éxito no está en los números, sino en la cultura que dejamos como legado y en la inspiración que somos capaces de transmitir a quienes caminarán después.

Queridos socios,

Hoy quiero invitaros a reflexionar sobre algo que va mucho más allá de la facturación, de los rankings o de los resultados trimestrales. Quiero hablar de la cima real del éxito de un despacho profesional: convertirse en una firma a la que el mercado reconoce como un lugar extraordinario para trabajar y pertenecer.

Ese es el punto donde una organización deja de ser un conjunto de profesionales y se convierte en una institución. Y alcanzar ese nivel está al alcance de muy pocas firmas. Pero debería ser la aspiración de todos nosotros.

1. El éxito no es individual: es institucional

En nuestro sector, donde el talento individual es tan visible, es fácil caer en la tentación del estrellato. Pero los despachos que realmente perduran son aquellos que entienden que el protagonismo debe recaer en la firma, no en las personas.

Un socio senior de McKinsey lo expresa con una claridad admirable:

“Como consultor joven aprendes que tu trabajo es mantener tu rumbo: puedes estar tranquilo de que el equipo ganará. Lo único que tienes que hacer es tu parte.”

Esta frase encierra una filosofía poderosa: la confianza en el equipo por encima del brillo individual.

Cuando la firma gana, ganamos todos. Cuando la firma pierde, perdemos todos. Y cuando la firma inspira, atrae y retiene talento, todos nos beneficiamos.

2. El orgullo de pertenecer: nuestro activo más valioso

El mayor indicador de éxito de una firma no es su tamaño, ni su cartera de clientes, ni su presencia internacional. El mayor indicador de éxito es que el mercado diga:

“Es una gran oportunidad haber trabajado allí.”

Ese reconocimiento convierte a la firma en una escuela de excelencia, en un sello de calidad profesional y en un lugar donde la gente quiere estar porque sabe que crecerá, aprenderá y formará parte de algo significativo.

Pero ese orgullo de pertenencia no se improvisa. Se construye con:

  • valores vividos, no solo escritos
  • coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos
  • una historia institucional que respetamos y proyectamos
  • una reputación que todos protegemos
  • una cultura donde el éxito individual nunca está por encima del colectivo

Cuando esto ocurre, la lealtad y el compromiso alcanzan niveles que rozan lo emocional. Y eso es exactamente lo que diferencia a las firmas que trascienden de las que simplemente operan.

3. Nuestro papel como socios: guardianes de la cultura

Nosotros, como socios, no somos solo gestores de equipos ni responsables de áreas. Somos los guardianes de la identidad de la firma.

Nuestra responsabilidad es:

  • proteger la cultura
  • transmitir los valores
  • reforzar el sentido de pertenencia
  • asegurar que cada profesional entiende que su trabajo contribuye a un proyecto común

No se trata de liderar desde la autoridad, sino desde el ejemplo. No se trata de exigir compromiso, sino de inspirarlo. No se trata de pedir lealtad, sino de merecerla.

4. La pregunta clave: ¿qué firma queremos ser?

Podemos ser un despacho más, competitivo, solvente, profesional. O podemos aspirar a algo mucho mayor: convertirnos en una institución reconocida por su cultura, su cohesión y su capacidad de generar orgullo en quienes pasan por ella.

La diferencia entre una cosa y la otra no está en los recursos, ni en el tamaño, ni en el mercado. La diferencia está en la mentalidad.

En cómo pensamos. En cómo actuamos. En cómo nos comportamos cuando nadie nos mira. En cómo tratamos a nuestra gente. En cómo protegemos la identidad de la firma.

5. El reto que os propongo

Hoy os propongo que elevemos nuestra ambición. Que dejemos de pensar solo en resultados y empecemos a pensar en legado. Que dejemos de pensar en individuos y empecemos a pensar en institución. Que dejemos de pensar en “mi área” y empecemos a pensar en “nuestra firma”.

Porque cuando una firma alcanza ese nivel, todo cambia:

  • el talento quiere entrar
  • los clientes confían más
  • la reputación se multiplica
  • y el mercado reconoce que pertenecer a esa firma es un privilegio

Ese es el verdadero éxito. Ese es el destino al que deberíamos aspirar.

Sigamos construyendo, juntos, una firma que trascienda.

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Jordi Amado

Licenciado en Económicas por la UB. Economista colegiado en el CEC y en el REAF. Lleva más de 30 años asesorando y colaborando con despachos profesionales y con empresas vinculadas al sector profesional (Mutuas, Compañías de Software, Editoriales, Entidades financieras, Colegios y Asociaciones profesionales).

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