CARRITO

El mito del “mejor técnico”: por qué no siempre debe liderar un área en los despachos profesionales

Jordi Amado Guirado
Jordi Amado
09/02/2026

En muchos despachos profesionales —ya sean asesorías fiscales, contables, laborales, mercantiles o firmas de consultoría— existe una creencia profundamente arraigada: el mejor técnico es, por definición, la persona idónea para dirigir un departamento o un área de especialidad.

Es una idea comprensible. Quien domina la materia, quien tiene prestigio técnico, quien es reconocido por clientes y compañeros, parece el candidato natural para liderar. Sin embargo, la experiencia demuestra que esta lógica, aunque intuitiva, es incompleta. Y en muchos casos, contraproducente.

De hecho, numerosos estudios y vivencias en firmas profesionales de múltiples países coinciden en una conclusión clara: la clave del éxito de un área no es el conocimiento técnico del líder, sino sus habilidades de gestión, liderazgo e influencia dentro de la organización.

El error habitual: confundir excelencia técnica con capacidad directiva

En los despachos profesionales, la carrera suele construirse sobre la base del conocimiento técnico. Quien más sabe, más avanza. Quien más prestigio tiene, más reconocimiento recibe. Pero dirigir un área es otra cosa. Requiere habilidades que no tienen nada que ver con la técnica.

Un profesional brillante puede ser un magnífico formador, un excelente referente técnico o un evaluador de calidad impecable. Pero eso no lo convierte automáticamente en un buen director de área.

Y aquí es donde muchas firmas tropiezan: promueven a líderes por su capacidad técnica, no por su capacidad de liderar personas, gestionar recursos, influir en la organización o construir consensos.

La función del director de área: ambigua, compleja y profundamente política

Tal como explican tus notas, el rol del líder de área es uno de los más difíciles dentro de una firma profesional. No se trata solo de coordinar tareas o supervisar expedientes. Es un rol que exige:

  • Persuadir sin autoridad formal
  • Inspirar sin poder coercitivo
  • Coordinar oficinas o equipos con intereses distintos
  • Conseguir recursos sin tenerlos asignados
  • Vender internamente ideas, proyectos y prioridades
  • Crear consenso entre profesionales autónomos
  • Mantener la moral y el orgullo del área
  • Detectar oportunidades y movilizar a otros para aprovecharlas

En otras palabras: es un rol profundamente político en el mejor sentido del término.

Requiere sensibilidad, escucha, visión, diplomacia, capacidad de negociación y una enorme habilidad para construir relaciones.

Por qué el “súper-técnico” no siempre funciona como líder

Las firmas suelen elegir líderes de área bajo dos criterios:

  1. El más prominente del sector “Si es el más reconocido, atraerá clientes”.
  2. El más experto técnicamente “Si es el que más sabe, marcará el camino técnico del área”.

Ambos razonamientos parecen lógicos, pero la práctica demuestra que no son suficientes.

Un líder de área necesita algo más que conocimiento. Necesita:

  • Gestionar egos
  • Motivar equipos
  • Escuchar a los SGO o responsables locales
  • Negociar prioridades
  • Conseguir que otros dediquen tiempo a su agenda
  • Renunciar a ideas cuando no generan consenso
  • Viajar, reunirse, estar presente
  • Reconocer públicamente a quienes colaboran
  • Crear comunidad entre oficinas dispersas

Un técnico excelente puede sentirse incómodo en este terreno. Puede preferir la profundidad técnica a la gestión de personas. Puede frustrarse ante la ambigüedad del rol. Puede carecer de la paciencia política que exige.

Y eso no lo hace peor profesional. Simplemente, lo hace un profesional distinto.

Las características reales de un buen director de área

A partir de la investigación y de la experiencia en múltiples firmas, las cualidades que realmente determinan el éxito de un líder de área son:

1. Habilidad política (en el sentido constructivo)

  • Escuchar a las oficinas
  • Entender sus necesidades
  • Negociar apoyos
  • Crear alianzas
  • Gestionar resistencias

2. Capacidad de inspirar entusiasmo

El líder debe contagiar energía, visión y propósito. Debe hacer que otros quieran participar, no que se sientan obligados.

3. Construcción de redes internas

Viajar, reunirse, estar cerca de la periferia. El líder eficaz no dirige desde un despacho: se mueve.

4. Comunicación clara y convincente

Debe saber vender ideas internamente, explicar oportunidades y transmitir la importancia del área.

5. Reconocimiento visible

Agradecer, destacar y premiar simbólicamente a quienes colaboran. El reconocimiento es la moneda de cambio más poderosa en una firma profesional.

6. Capacidad de abandonar ideas

Un buen líder sabe cuándo insistir y cuándo soltar. No se aferra a proyectos sin apoyo.

7. Construcción de comunidad

Juntar a la gente, crear encuentros, fomentar el sentimiento de pertenencia a algo más grande que la oficina local.

El director de área ideal: un “fanático táctico pero comprometido”

Una frase maravillosa que aparece en tus notas resume perfectamente el perfil:

“Un fanático táctico pero comprometido.”

Fanático en el sentido de creer profundamente en su área. Táctico en el sentido de saber moverse en la organización. Comprometido con el bien común, no con intereses locales o personales.

Ese es el líder que hace crecer un área. Ese es el líder que genera sinergias reales. Ese es el líder que transforma un grupo de profesionales en una comunidad.

Conclusión: elegir al líder adecuado es una decisión estratégica, no técnica

La selección del director de área es, probablemente, la decisión individual más importante para el éxito de un departamento. No debe basarse en quién sabe más, sino en quién puede movilizar más.

Las firmas que entienden esta diferencia:

  • Reducen conflictos internos
  • Aumentan la colaboración
  • Mejoran la moral
  • Crean áreas más cohesionadas
  • Desarrollan servicios más sólidos
  • Aumentan su competitividad

Porque al final, en los despachos profesionales, la técnica es imprescindible… pero la gestión de personas y la capacidad de influencia son las que marcan la diferencia.

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Jordi Amado

Licenciado en Económicas por la UB. Economista colegiado en el CEC y en el REAF. Lleva más de 30 años asesorando y colaborando con despachos profesionales y con empresas vinculadas al sector profesional (Mutuas, Compañías de Software, Editoriales, Entidades financieras, Colegios y Asociaciones profesionales).

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