Este último año he tomado la decisión de vender mi despacho. He cumplido 68 años, mis hijos no quieren continuar, y aunque en estos últimos años he intentado impulsar mi relevo con alguno de mis profesionales, he llegado a la conclusión que nadie está dispuesto a asumir la responsabilidad de liderar el crecimiento y de “tirar del carro de la gestión”.